¿Cobrar por el hielo del café? Vuelve el debate de cada verano

Cada uno tiene sus manías y esos pequeños gestos de bares y restaurantes que te ponen de los nervios. Son normalmente cuatro duros en la cuenta, pero es más el detalle que el dinero.

Hay quienes no soportan que se cobre el pan -sobre todo si el pan no es bueno-, o los que ponen el grito en el cielo cuando el agua filtrada se cobra a precio de agua de glaciar antártico. A mí me pone especialmente nervioso que me cobren el hielo del café.

No hablamos de un cold brew de esos que tienen categoría propia y se cotizan mucho. Tampoco de un iced latte o cualquier otro café frío con nombre cool en la carta.

Me refiero al café normal, que se prepara como siempre solo y que se sirve con un vaso con hielos al lado. Si hay suerte, un par. A veces con un mustio hielo que en plena canícula llega a medias a la mesa.

Los recientes titulares sobre la supuesta escasez de hielo y subida de precios son la excusa perfecta para volver a poner sobre la mesa un debate que, en realidad, viene de mucho antes de que el hielo amenazara con convertirse en un artículo de lujo.

El caso es que, al menos por el Mediterráneo, parece que se estila cada vez más este plus. Sin ir más lejos, hace unos días en mi cuenta había un plus de 20 céntimos por el hielo del café. Antes de que se hablara tanto del hielo y su precio, por cierto.

No es el dinero, insisto. Así que tampoco es plan de ponerse a calcular qué margen hay en esos 10 céntimos por cubito de hielo. Pero tampoco deberíamos olvidar que el café es uno de los productos más rentables para un bar.

El coste es de unos pocos céntimos y por mucho que haya que pagar el agua, la taza, el servicio y el sueldo de quien lo hace y lo sirve -que esperemos que sea digno- los números salen de sobra.

Es precisamente ese combo de café de andar por casa y el plus de hielo lo que más chirría. Porque en los locales de café de especialidad, como decíamos, ya hay categorías propias para los cafés fríos y es verdad que se cobran más. También es cierto que suelen ser elaboraciones diferentes y que requieren más trabajo que poner un hielo en un vaso.

Porque, por supuesto, en casi ningún sitio se prepara el café de forma diferente si se va a servir con hielo. En el país del torrefacto y en el que cuesta que se haga bien un americano, pedir eso sería un milagro.

¿Aplicarán más bares esta medida?

Total, que cada vez que en un ticket me encuentro con ese plus del hielo no puedo dejar de preguntarme por qué en el café el hielo no va incluido pero en un refresco, por ejemplo, sí.

¿El Trinaranjus cuesta diferente con hielo o sin hielo? ¿Y a la gente -ojo, cada vez son más- que se pide un hielo con el vino blanco también le vas a cobrar un suplemento? ¿Hay descuento si el hielo llega medio fundido por culpa del cambio climático?

Son céntimos, vale. Pero esa lógica debería ser bidireccional. Es decir, que lo son para el cliente, pero también para el local en cuestión, que tampoco va a conseguir que los números salgan a base de vender cubitos de hielo.

¿No sería más elegante diluir -nunca mejor dicho- esa inversión veraniega en hielo de alguna manera que no implique un plus en el ticket para el cliente?

Por si sirve de algo, hace un par de veranos una improvisada encuesta en Twitter confirmó que somos mayoría los que pensamos que cobrar por el hielo es de rancios.

Seguramente da igual. De hecho, esta reciente histeria con el hielo que dicen que escasea o que va a escasear será la excusa perfecta para que los que ya cobran un plus suban el precio y alguno más se anime a ponerlo.