Todas las entradas de: redaccion@20minutos.es (Ana Plaza)

La cerveza más antigua de Europa es española y se elabora con los mismos ingredientes que hace 6.000 años

Aunque pueda pensarse que el consumo de cerveza es algo moderno, la historia nos lleva la contraria. De hecho, la cerveza más antigua de Europa se encontró en España, concretamente en una cueva en Begues, Cataluña.

Hace 6.300 años unos 30 o 40 de nuestros antepasados vivían bajo la Cueva de Can Sadurní, en Begues, a unos 30km de Barcelona. El Colectivo para la Investigación de la Prehistoria y la Arqueología del Garraf-Ordal (CIPAG), junto con el Seminario de Estudios y Búsquedas Prehistóricas (SERP) de la Universitat de Barcelona llevan años descubriendo los secretos que se ocultan entre sus rocas. Algunos de sus hallazgos más importante son la estatua humana prehistórica más antigua de la Península o una necrópolis formada por cuatro esqueletos inhumados.

Fue en 2004 cuando los exploradores encontraron en esta cueva un descubrimiento muy revelador para el mundo de la gastronomía: en la Cueva de San Sadurní aparecieron los restos de cerveza más antiguos de Europa.

El hallazgo se realizó al excavar hasta los niveles neolíticos de la cueva, que datan del 3.800 al 3.500 aC. Allí se encontraron vasos cerámicos cuyo interior contenía restos de fermentación de esta cerveza neolítica, la muestra más antigua de cerveza encontrada en todo el continente.

La cerveza más antigua de Europa se puede comprar

Diez años después de este increíble hallazgo nació La Encantada, una cerveza artesanal que utiliza el fermentado que hace miles de años se bebía en las cuevas de Bergues. La idea surgió de la unión entre el CIPAG, el colectivo de arqueólogos encargado de la excavación, y el Instituto de Cerveza Artesana, y juntos crearon esta bebida que hoy se puede adquirir por Internet y en algunas tiendas y restaurantes de la zona.

El nombre, La Encantada, proviene del apodo que reciben los habitantes de Begues, llamados popularmente “los encantados”. También es el nombre con el que se bautizó a l’Encantat de Begues, la figurilla encontrada en la misma cueva.

La cerveza artesana Encantada es especiada, dulce y seca, está elaborada a base de malta de cebada, artemisa, tomillo cítrico, frutas del bosque y miel. Además, no contiene lúpulo, uno de los ingredientes más comunes de la cerveza, pues las cervezas de la prehistoria usaban mezclas de hierbas y plantas aromáticas, denominadas gruit.

Si quieres probar la cerveza que bebían los hombres y mujeres del neolítico y compras una caja de Encantada, ten en cuenta que, a la vez, estás ayudando a la exploración arqueológica. Y es que un euro de cada litro vendido es destinado a la financiación de las tareas de investigación que el CIPAG desarrolla en la Cueva de Can Sadurní.

La cerveza más antigua del mundo

Aunque esta cerveza de Begues es la más antigua encontrada en Europa, otros continentes se nos adelantaron en el consumo de esta bebida. Si buscamos la primera cerveza de la que se tienen datos, tenemos que irnos al monte Carmelo, en el norte de Israel.

Allí, un equipo de arqueólogos comenzó una exploración en el interior de la cueva Raqefet, una gruta que contiene tumbas de más de 13.000 años de antigüedad. Para su sorpresa, en el interior de estas tumbas encontraron unos morteros de piedra que contenían cebada.

Según National Geographic, los investigadores de la Universidad de Standford concluyeron que estos morteros eran utilizados por los natufienses, una cultura de cazadores-recolectores del Mesolítico, para machacar y cocinar la mezcla de plantas comestibles. Entre sus recetas se contaba una cerveza elaborada a partir de una base de trigo y cebada, que esta civilización usaba en la celebración de rituales en los que veneraban a los muertos.

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Tazas por mililitros: las equivalencias que te harán la vida más fácil en cocina

Si eres de los que buscas constantemente nuevos platos para disfrutar en la cocina, seguramente ya hayas traspasado las fronteras encontrando recetas de otros países. En tu búsqueda, puede que te hayas topado con una gran cantidad de recetas en las que figuraban datos como una taza, dos onzas, una cucharadita, un vaso o una libra, medidas que en España no solemos utilizar.

En el caso de las tazas, es normal que surjan miles de interrogantes. En nuestras cocinas tenemos tazas de todas las formas y tamaños. ¿Cuál escogemos para medir la cantidad de agua o aceite que nos indica la receta?

Para poder ayudarte a la hora de crear tu plato o postre, hemos hecho un resumen de las equivalencias entre tazas y mililitros, para que no te surja ninguna duda si te gusta medirlo todo y no fallar en el resultado. Una taza de líquido equivale, aproximadamente, a 250ml, por lo que un litro sería el volumen total de cuatro tazas.

Otra medida muy usada es la de una cucharada, un indicador que puede llegar a ser muy amplio. Si, leyendo una receta, encontramos las palabras "añadimos una cucharada de...", sabemos que están hablando de una cantidad aproximada de 15 mililitros. Si hablamos de una cucharadita, serán únicamente 5ml de líquido.

Más complicado es establecer una tabla de equivalencias exacta cuando hablamos de ingredientes sólidos, pues cada uno contará con un peso diferente. Sin embargo, sí podemos darte algunas guías. Una taza de arroz, por ejemplo, pesará aproximadamente 200 gramos. De azúcar, unos 230 gramos.

Otra de las medidas más comunes es la taza de harina, que más o menos tendrá un peso de 120 gramos. En cuanto al yogur, una taza de este ingrediente equivaldrá, aproximadamente, a unos 250 gramos. A partir de estas indicaciones ya podremos calcular, dividiendo el peso total, las distintas medidas que incluya la receta.

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Qué hacer si tu queso huele (y sabe) a amoníaco: comer o no comer, esa es la cuestión

Si eres uno de los muchos fans del queso y disfrutas comiendo variedades como el queso de cabra, el Brie, el Camembert o el Cabrales, puede que alguna vez hayas tenido dudas sobre si siguen comestibles o se han estropeado. Sobre todo si has empezado a percibir un cierto olor a amoniaco. ¿Es seguro ingerir un queso que tenga este olor?

¿Por qué huele de esta forma?

El olor a amoníaco puede aparecer en quesos elaborados con leche cruda o pasteurizada. Sobre todo, ocurre en quesos de corteza enmohecida blanca como el Camembert o el Brie; y también en los de corteza gris como el Saint Maure.

Conforme estos quesos van madurando, van adquiriendo un olor cada vez más intenso, al mismo tiempo que cambia su textura y, a veces, su tonalidad. Si tardamos más de lo normal en consumir un queso, puede que acabe teniendo un cierto olor a amoniaco. Esto sucede cuando los quesos están sobremaduros.

Ese olor a amoniaco tan característico proviene de un proceso químico y biológico que sucede a consecuencia de la degradación de proteínas. Los mohos, que se añaden a propósito en la elaboración del queso (y que le dan ese sabor intenso y delicioso), consumen poco a poco estas proteínas. Al irlas consumiendo, las moléculas se van rompiendo en un proceso denominado proteólisis, en el que los aminoácidos presentes en la proteína se consumen, y se generan moléculas de amoníaco.

La maduración es un proceso que nunca para cuando hablamos de los quesos, y el olor de estos va variando conforme pasa el tiempo. Un Camembert en su punto, tiene un olor intenso que se puede asemejar al humus del suelo de un hayedo, una cueva, setas, etc. Sin embargo, llega un momento, en el siguiente paso de la maduración, en el que es el olor a amoníaco el que se hace dominante. Esto nos indica que el queso ha superado su punto de consumo óptimo, que ha llegado a un punto de sobremaduración.

Debes tener en cuenta que un leve olor amoniacal no es preocupante, pero si es excesivamente intenso y en boca es el sabor predominante, el queso ya no es comestible y, desgraciadamente, su lugar ha pasado a ser la basura.

Consejos para conservarlo

El queso es un alimento vivo y debe conservarse en su sitio fresco, por eso, la mejor forma de conservarlo es meterlo en la nevera y, unos minutos antes de comerlo, sacarlo para que esté a temperatura ambiente.

La temperatura de conservación y los métodos para envasarlos varían según el tipo de queso. Los quesos blandos como los típicos franceses Brie o Camembert,… se conservan bien en sus cajas de origen y siempre en la nevera. Una vez abiertos, si se van a tomar en días sucesivos, lo más recomendable es envolver este resto en una lámina de plástico transparente y guardarlo a su vez en el envase original, su caja de cartón o de madera.

Si compramos estos quesos sin envase o hemos decidido desechar el envoltorio, podemos colocarlo sobre una bandeja, cubrirlo con papel film y reservarlo en la nevera. Si el queso es de olor fuerte o muy delicado, como el Cabrales, el Roquefort o el Brie, es preferible introducir el queso envuelto en un 'tupper' bien cerrado, para que el contacto con el aire exterior sea mínimo.

Otra idea es envolver los quesos, especialmente los curados y semicurados, en un paño limpio y húmedo, como hacían nuestros antepasados. De esta forma el paño absorberá la humedad del queso y así alargarás su vida.

Para evitar encontrarnos en la dualidad entre comer o no comer, lo mejor es consumir todos estos quesos cuanto antes, ya que si se les deja envejecer, además de perder cremosidad, se oscurecerán y empezarán a coger este característico olor a amoníaco.

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Qué hacer si tu queso huele (y sabe) a amoníaco: comer o no comer, esa es la cuestión

Si eres uno de los muchos fans del queso y disfrutas comiendo variedades como el queso de cabra, el Brie, el Camembert o el Cabrales, puede que alguna vez hayas tenido dudas sobre si siguen comestibles o se han estropeado. Sobre todo si has empezado a percibir un cierto olor a amoniaco. ¿Es seguro ingerir un queso que tenga este olor?

¿Por qué huele de esta forma?

El olor a amoníaco puede aparecer en quesos elaborados con leche cruda o pasteurizada. Sobre todo, ocurre en quesos de corteza enmohecida blanca como el Camembert o el Brie; y también en los de corteza gris como el Saint Maure.

Conforme estos quesos van madurando, van adquiriendo un olor cada vez más intenso, al mismo tiempo que cambia su textura y, a veces, su tonalidad. Si tardamos más de lo normal en consumir un queso, puede que acabe teniendo un cierto olor a amoniaco. Esto sucede cuando los quesos están sobremaduros.

Ese olor a amoniaco tan característico proviene de un proceso químico y biológico que sucede a consecuencia de la degradación de proteínas. Los mohos, que se añaden a propósito en la elaboración del queso (y que le dan ese sabor intenso y delicioso), consumen poco a poco estas proteínas. Al irlas consumiendo, las moléculas se van rompiendo en un proceso denominado proteólisis, en el que los aminoácidos presentes en la proteína se consumen, y se generan moléculas de amoníaco.

La maduración es un proceso que nunca para cuando hablamos de los quesos, y el olor de estos va variando conforme pasa el tiempo. Un Camembert en su punto, tiene un olor intenso que se puede asemejar al humus del suelo de un hayedo, una cueva, setas, etc. Sin embargo, llega un momento, en el siguiente paso de la maduración, en el que es el olor a amoníaco el que se hace dominante. Esto nos indica que el queso ha superado su punto de consumo óptimo, que ha llegado a un punto de sobremaduración.

Debes tener en cuenta que un leve olor amoniacal no es preocupante, pero si es excesivamente intenso y en boca es el sabor predominante, el queso ya no es comestible y, desgraciadamente, su lugar ha pasado a ser la basura.

Consejos para conservarlo

El queso es un alimento vivo y debe conservarse en su sitio fresco, por eso, la mejor forma de conservarlo es meterlo en la nevera y, unos minutos antes de comerlo, sacarlo para que esté a temperatura ambiente.

La temperatura de conservación y los métodos para envasarlos varían según el tipo de queso. Los quesos blandos como los típicos franceses Brie o Camembert,… se conservan bien en sus cajas de origen y siempre en la nevera. Una vez abiertos, si se van a tomar en días sucesivos, lo más recomendable es envolver este resto en una lámina de plástico transparente y guardarlo a su vez en el envase original, su caja de cartón o de madera.

Si compramos estos quesos sin envase o hemos decidido desechar el envoltorio, podemos colocarlo sobre una bandeja, cubrirlo con papel film y reservarlo en la nevera. Si el queso es de olor fuerte o muy delicado, como el Cabrales, el Roquefort o el Brie, es preferible introducir el queso envuelto en un 'tupper' bien cerrado, para que el contacto con el aire exterior sea mínimo.

Otra idea es envolver los quesos, especialmente los curados y semicurados, en un paño limpio y húmedo, como hacían nuestros antepasados. De esta forma el paño absorberá la humedad del queso y así alargarás su vida.

Para evitar encontrarnos en la dualidad entre comer o no comer, lo mejor es consumir todos estos quesos cuanto antes, ya que si se les deja envejecer, además de perder cremosidad, se oscurecerán y empezarán a coger este característico olor a amoníaco.

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Qué es al aquafaba, para qué sirve y por qué nunca debes tirar el agua de cocer legumbres

Sustituir el huevo por una alternativa vegetal es el dolor de cabeza de muchos veganos e intolerantes o alérgicos. Las propiedades de este alimento de origen animal son muy especiales, y es complicado encontrar un ingrediente que cumpla su función satisfactoriamente.

Cuando se sigue una dieta con restricciones, sea del tipo que sea, te ves obligado a ser creativo, a experimentar y a ampliar tu despensa lo máximo posible. Tras una intensa búsqueda, un ingrediente muy prometedor destacó entre los demás. Se trata de un sustituto efectivo, versátil, fácil de encontrar, natural y muy barato. Hablamos del aquafaba, el gran desconocido que no vas a querer desperdiciar a partir de ahora.

¿Qué es el aquafaba?

Es, ni más ni menos, que el líquido resultante de cocer legumbres, especialmente garbanzos o alubias. Para conseguirlo, se puede emplear uno casero, guardando el agua que sobra después de cocinar cualquier legumbre. Otra opción, más sencilla, es utilizar el líquido de una conserva, como el de un bote de garbanzos.

El aquafaba es un ingrediente prácticamente desconocido, pero muy útil por su composición. Sus propiedades se desconocían hasta hace poco más de cinco años, cuando Goose Wohlt, un ingeniero informático estadounidense, lo bautizó y popularizó. El ingeniero, un cocinero aficionado a experimentar con productos veganos, descubrió un video de dos cocineros franceses preparando una mousse de chocolate con líquido de garbanzos, y esto hizo que algo se encendiera en su cabeza. Se dió cuenta de que, para encontrar el sustituto vegetal perfecto para la clara de huevo no hacía falta añadir almidones, gomas vegetales, proteínas ni ningún ingrediente extraño: sólo había que reutilizar algo que llevábamos siglos desechando, el agua de cocción de las legumbres.

¿Para qué sirve el aquafaba?

Si por alguna razón, ya sea intolerancia, alergia o veganismo, no utilizas huevo en tus recetas, el aquafaba es el sustituto perfecto. Puedes usarlo como si fuera huevo, en principio en cualquier receta. Un huevo entero equivale a tres cucharadas de líquido, mientras que una clara se sustituiría por dos cucharadas.

Una de las recetas en las que este ingrediente triunfa es en la de merengue. Los merengues son prácticamente obras de arte, tanto por sí solos como formando parte de otros postres impresionantes, como tartas o 'macarons'. Pero es un postre difícil de veganizar, pues es muy complicado encontrar un producto que sea capaz de imitar el poder mágico del huevo cuando se convierte en una nube esponjosa.

Es aquí donde entra en acción el aquafaba. Este líquido, procesado con una batidora igual que haríamos con una clara de huevo, acabará montándose de una forma muy similar a esta. Si a esta espuma le agregamos zumo de limón o vinagre y algo de azúcar, tendremos un merengue perfecto, vegano y que ha perdido completamente el sabor a legumbre.

@imchef7 Ciencia del Merengue de Aquafaba #cocina #ciencia #AprendeEnTikTok #parati #gastronomia #TalentoTikTok #fypシ #plant #chef ♬ original sound - Heinz Wuth - Ciencia y Cocina

Pero hay más recetas en las que este mágico ingrediente sustituye al huevo a la perfección. Otro ejemplo es la mayonesa vegana, también llamada veganesa. De nuevo, el aquafaba sustituirá la función que el huevo tiene en una mayonesa clásica. Si lo añadimos a la licuadora, el líquido irá espumando. Luego habrá que añadir el resto de ingredientes: jugo de limón, mostaza y vinagre. Con la licuadora a velocidad baja, solo queda incorporar el aceite de oliva poco a poco, como haríamos con una mayonesa tradicional, hasta que se forme una salsa a nuestro gusto.

Parece magia, pero es ciencia

Para entender cómo un líquido vegetal puede montarse de esta forma tan similar al huevo, la ciencia nos da las respuestas. ¿Cómo se convierte un líquido en un sólido parecido a una nube?

Las claras de huevo se componen de un 90% de agua y un 10% de proteína. Son estas proteínas las que permiten que se forme una espuma, ya que, al batir, el aire acaba atrapado en el entramado de proteínas dentro de la espuma en desarrollo. En el merengue, para retener las burbujas de aire atrapadas y generar picos que se mantengan rectos, se añade azúcar como estabilizador. ¡Y voilá! Un merengue esponjoso listo para hornear, preparar en macarons o decorar galletas.

Para crear un homólogo vegano igual de delicioso habría que sustituir las claras de huevo por un ingrediente que tenga tanto una parte líquida como una cantidad considerable de proteína. Anne Rieder, científica del instituto noruego de investigación alimentaria Nofima, analizó el aquafaba y reveló que el agua de las judías contiene, además de carbohidratos, una gran cantidad de proteína. La función de las proteínas en el aquafaba es similar a la del merengue, y estos carbohidratos sirven como estabilizador para aumentar la viscosidad de la espuma.

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Así se prepara el gazpacho de remolacha y queso fresco de Dani García, una receta refrescante para aliviar las altas temperaturas

Nos encanta el gazpacho en todas sus versiones: el tradicional, con más o menos ingredientes, con frutas... Cuando llega el calor, es uno de los platos más socorridos en nuestras cocinas, porque es sano, fresco y con mucho sabor.

¿A quién no le apetece refrescarse con un gazpacho bien fresquito al llegar a casa? Y si es con un toque original y siguiendo los consejos de uno de los chefs más populares el país, mejor aún. El cocinero Dani García nos ha enseñado en su Instagram una receta de gazpacho muy original, sana, fresca y muy fácil.

Se trata de un gazpacho de remolacha, con pocos ingredientes pero con mucho sabor. Dani nos cuenta, además, uno de sus trucos para darle dulzor y aroma, añadir tomates cherry. Para darle el toque final, el chef le añade queso fresco especiado, aunque podemos sustituirlo sin problema por otros quesos como el queso feta, que también quedará super sabroso.

Cómo elaborar sopa borsch, la receta ucraniana que ha sido elegida Patrimonio Inmaterial de la Unesco

La cultura de preparación del borscht, una sopa de remolacha ucraniana, forma parte de la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO que requiere medidas urgentes de salvaguardia. El comité tomó esta decisión a causa de la guerra que aún asola Ucrania y el peligro que sufre por ella su cultura y tradiciones.

Esta sopa de remolacha, que se puede servir fría o caliente, ha sido motivo de discusión entre Rusia y Ucrania desde hace años, debido a las dudas que existen sobre su origen. Los ucranianos han entendido la decisión de la UNESCO como un reconocimiento y una pequeña victoria simbólica frente al país ruso.

Lo cierto es que la receta de borscht varía según la región en la que se elabore y su origen sigue siendo un misterio. Hasta su nombre cambia según la zona: 'brosch', 'borscht', 'borshch', 'borschtsch', 'barszcz' o 'borş'. Sin embargo, es habitual diferenciar su procedencia por los alimentos que la acompañan: pan negro si es rusa, o pampushka, una especie de bollo, si es ucraniana.

Si quieres probar esta sopa en casa, ya sea fría o caliente, esta es una de las recetas que puedes poner en práctica para disfrutar de este plato sabroso y con mucha historia.

Así son las hormigas chicatanas, los insectos mexicanos que enamoran a Dabiz Muñoz: «Se tuestan con especias, sal y limón»

Dabiz Muñoz ha viajado a México y no está perdiendo la oportunidad de disfrutar al cien por cien de su comida tradicional. El chef ha llegado a Ciudad de México y, nada más aterrizar, ha disfrutado de una comida en uno de los mejores restaurantes del mundo, el Sud777. Allí, el dueño de DiverXO ha podido probar la fusión entre comida tradicional mexicana y las innovaciones del chef Édgar Núñez, catando platos como ostión con crema de alcachofa y tuétano o erizo con aguacate.

Pero lo que más ha llamado la atención de este menú ha sido, sin duda, un plato que incluía hormigas chicatanas, un ingrediente muy común en la cocina tradicional mexicana. El chef ha compartido un vídeo en Instagram probando este manjar, demostrando lo mucho que disfruta de este ingrediente y de todas las comidas del país sudamericano.

Un insecto mexicano que solo aparece una vez al año

Las hormigas chicatanas son insectos voladores de color café o marrón rojizo, las reinas de las hormigas arrieras u obreras. Estos insectos viven bajo tierra y solo salen al exterior una vez al año, momento que los recolectores aprovechan para hacerse con el mayor número posible de ellas.

Este momento suele ocurrir en mayo, junio o julio, el comienzo de la temporada de lluvias en Sudamérica. Tras la primera tormenta del año, las chicatanas salen de su hormiguero en busca de una pareja, pululando con sus alas por todos lados. Este es el momento en el que comienza la recolección que, de forma tradicional, se hace completamente a mano. Los recolectores suelen utilizar una bolsa de plástico con un poco de agua: cogen las hormigas con las manos y las sumergen, para que sus alas se peguen y no puedan escapar y para, además, asegurarles una muerte rápida y menos dolorosa.

Tras este corto periodo de actividad, las chicatanas regresan a su hormiguero, para seguir con su ciclo de desarrollo. Los recolectores preparan estos insectos para su cocción, separando las alas, patas y cabeza.

La principal zona en la que podemos encontrar hormigas chicatanas es en la región mixteca, en Puebla, Guerrero y Oaxaca, pero también en estados como Chiapas, Tabasco, la Península de Yucatán y en otros lugares como Colombia. Es en estas zonas donde la chicatana ha sido, tradicionalmente, un ingrediente más en los platos, cocinándose de una forma distinta en cada región.

En el restaurante Sud 777, el chef mejicano Édgar Nùñez cocina estas hormigas como acompañamiento a una mole de hongos. David Muñoz describe el proceso que los cocineros siguen para este plato. Las chicatanas se tuestan con un poco de especias, sal y limón y se añaden directamente al plato, dando un resultado sabroso y muy crujiente.

El proceso es diferente en Santander -Colombia-, donde se llaman hormigas culonas. Allí, se ponen a tostar en sus propios aceites y solo se añade sal. Otra forma de consumirla es preparando salsa de hormiga chicatana, elaborada con chile, cebolla y ajo.

Las recetas cambian en cada zona del país mexicano. En Tuxtla Gutiérrez se les conoce con el nombre de 'nucú' y se preparan en un guiso con ese mismo nombre. En Oaxaca, hacen mole de chicatanas. En Guerrero, las hormigas se preparan en salsa tatemada, con tomate verde, que se muele en el mortero junto con los insectos.

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Así es ‘Realfooding To Go’, el delivery de ‘comida real’ donde ya puedes pedir a domicilio los productos de Carlos Ríos

Cada vez que Carlos Ríos, el creador del movimiento Realfooding, saca un nuevo producto, arden las redes. Aunque la idea de la lucha contra los ultraprocesados comenzó con buen pie, las críticas han comenzado a acompañar al nutricionista.

Crema de cacao, helados, un refresco de cola, un croissant y hasta una gama de yogures en alianza con Danone. Hay quienes denuncian que la industria alimentaria a la que tanto criticaba Ríos ha acabado siendo su aliada, asegurando que le ha ofrecido al nutricionista una fórmula infalible de monetizar su causa.

Los usuarios de redes sociales han puesto en duda estos productos, que muchos consideran aún más perjudiciales que lo que el movimiento denomina como ultra procesado. Argumentan que se vende como algo saludable algo que no lo es ni se espera que lo sea y que son productos de capricho, puntuales, de los que no se espera un aporte nutricional sino un placer, una experiencia o cumplir un antojo.

Algunos incluso llegan a calificar el movimiento de clasista y acusan a Ríos de buscar el beneficio económico por encima de la salud nutricional de sus usuarios, multiplicando el precio original de un producto solo por añadir el sello realfooder.

Pero, a pesar de todas las críticas y en pleno auge de la polémica, Carlos Ríos no deja de crear nuevos proyectos. Esta vez con un nuevo sector en su negocio: Realfooding To Go, un servicio de comida real a domicilio.

Este delivery se propone como una alternativa más saludable a la oferta actual de comida a domicilio 'fast-food', reuniendo algunos de los platos más populares del movimiento, como pueden ser el pollo al aroma Ras al Hanout, la lasaña de berenjenas o incluso una hamburguesa realfooder. Además, con este servicio, los usuarios pueden adquirir los productos de la gama Realfooding, como el helado, el queso untable o el AOVE untable.

Por supuesto, todos los productos prometen cumplir los estándares del Realfooding, huyendo de los enemigos acérrimos de este movimiento: los aditivos, azúcares añadidos, ultraprocesados, grasas hidrogenadas, harinas o aceites refinados.

Este nuevo servicio de comida a domicilio comienza a ser accesible desde la web realfoodingtogo.com y desde Glovo, y empieza su actividad, por el momento, en Madrid. Más adelante, Carlos Ríos prevé aumentar este servicio al resto de España progresivamente.

“Este delivery nace con el objetivo de ser una alternativa saludable a la larga lista de opciones insanas que existen actualmente y para aquellos días en los que no tenemos tiempo de cocinar”, señala Ríos, el guía espiritual de este movimiento.

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